La Orquesta Mastretta ofrece un soberbio concierto en Tomelloso

Miercoles, 28 de Agosto del 2019

La Voz de Tomelloso

Gracias a la Asociación Promúsica Guillermo González, la Orquesta Mastretta volvía por tercera vez a Tomelloso para interpretar (como ya nos tiene acostumbrados) un soberbio concierto. La formación, compuesta por auténticos virtuosos de la música, puso en pie al numeroso público que acudió a la velada musical.

La Glorieta de María Cristina acogió el Concierto de Feria de esta asociación, que trabaja denodadamente por el fomento de la música, en lo que ya se ha convertido en un clásico de las fiestas tomelloseras. Y es que, sin el concierto de Guillermo González, no parece que estemos en la feria.  Tras una nueva distribución del escenario y las sillas en los jardines, anoche pudieron disfrutar de la Orquesta Mastretta más de setecientas personas.

Con puntualidad inglesa, uno de los responsables de la Asociación, Miguel Huertas, presentó al  sexteto y tras dar las gracias al Ayuntamiento por su colaboración explicó que el concierto estaba dedicado a Francisco García Pavón. Lo recordó como iniciador de las Fiesta de las Letras que en la Glorieta tenían su colofón.

La Orquesta Mastretta sube al escenario y hasta que acabó el último bis su música envolvió al público. En la primera pieza, el clarinete y el saxo pasean por los jardines, tocando, entre el público. Esto es jazz, declaran los instrumentos a grito pelado. La música suena a verano, verbena, a alegría desaforada. En la segunda pieza, llamada “Matilda”, el protagonismo es para Marina Sorin y su violonchelo, con aires orientales.

Este grupo de malabaristas de la música, dirigidos por Mastretta, nos lleva por las playas de Cuba, nos descubre el phonofiddle o nos transportan a una película de Fellini, a un circo, a un campamento de gitanos o a un club de jazz. Todos y cada uno de los músicos dan una lección de como tocar su instrumento. Luca Frasca combina el piano con el órgano Hammond;  Pablo Navarro maravilla con el contrabajo; Lisandro Mansilla le saca al saxo todo lo que tiene; Coque Santos lo da todo en la batería (incluso en la reja de una ventana); Marina Sorin toca el cello, el phonofiddle y canta, todo ello como los ángeles, Mastretta parece que acaricia el clarinete y Pablo Novoa… El mundo se para cuando Pablo Novoa toca su guitarra Gibson.

El público canta, silba, acompaña ríe, se asombra, aplaude y no pueden dejar de mover los pies en toda la noche. Algunos atrevidos hasta bailan. Como no pudo ser de otra forma, la Glorieta puesta en pie agradeció con una soberbia ovación la maravillosa, insistimos, noche de música. De propina nos ofrecieron “El último habitante del planeta”, cantado por Marina Sorin. Y todo el mundo se fue contento, ¿qué más se puede pedir?

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